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24 de septiembre de 2015

Noche dividida

Mi noche se divide por la entrada de tu silueta, que sigue llegando a mí y a mi cama, y vuelve innecesarias las sábanas que cubren lo que sigue gritando por ser reclamado nuevamente por ti. Este clamor que se desvive por ser el medio que te diga, cómo el amor y la añoranza contenidos, pueden impulsar el "te amo" más sincero, hacia el frenesí del sexo más descarado que te puedo brindar… este que se da cuando el que grita es el recuerdo.




17 de septiembre de 2015

Juegos en la oficina

Daniel estaba sentado en el escritorio de su oficina, hundido en papeleo y un aburrimiento que no le permitía avanzar en nada. Casi cabeceaba hasta darse contra el escritorio, cuando la puerta de su oficina se abrió y entró Rose, su esposa, quien se escabulló con las habilidades de un ninja y cerró la puerta detrás suyo. No era la primera vez que lo visitaba en el trabajo, y Daniel sabía perfectamente a qué venía…

Antes de que pudiera decir una palabra, Daniel fue silenciado a distancia por el dedo de Rose, colocado sobre sus labios y guiñándole un ojo al tiempo que se abría la gabardina que portaba, y dejaba boquiabierto a su esposo al revelar su cuerpo, desnudo e irresistible.

-    ¿Viniste desnuda hasta acá? Fue lo único que la lógica masculina le permitió expresar a Daniel.
-    Vine en el coche, y lo dejé abajo. Ahora no digas más, que entré sin que tu secretaria me viera, no quiero que nos interrumpa –Finalizó Rose–

En un movimiento lento e insinuante, Rose se acercó a su esposo hasta quedar frente a él, y separando sus piernas se fue sentando en su regazo para iniciar una serie de provocaciones que hicieron saltar las revoluciones de Daniel. Ahora sentía como las nalgas desnudas de su mujer se rozaban contra su pene, y se contagiaba del calor que desprendían los turgentes senos de Rose chocando dulcemente contra sus labios.

Daniel sabía que era una locura, pero como en todas las locuras que habían hecho juntos, la razón no fue la que ganó. Bajó sus manos rápidamente y en un movimiento que hasta a él mismo sorprendió, liberó su miembro de la ropa y los broches que lo apresaban, quedando listo para penetrar a su deliciosa mujer… pero ella tenía otro plan.

Cuando Rose sintió la punta de aquel miembro en total erección presionando para entrar en ella, se levantó y mirando a los ojos a su esposo le dijo que no, moviendo su dedo de un lado a otro frente a sus ojos. “Hoy tendrás que esperar” -le dijo- y bajó. Bajó controlando la silla del escritorio con sus manos y repartiendo besos por la boca y el cuello de Daniel, hasta que hizo contacto con su barbilla contra la punta firme del sexo de su esposo. Se iba a tomar su tiempo, ese era su plan, torturar un poco a Daniel antes de darle todo lo que él quería, pero su plan cambió cuando sonó el intercomunicador sobre el escritorio. Era su secretaria que había vuelto a su puesto y le comunicaba de una llamada telefónica que había que contestar.

Daniel inició la frase de: Que llamen más tar… Y Rose interrumpió, metiéndose esa erección completa a la boca de un solo golpe. Daniel se tensó por un momento, sólo para relajarse unos segundos después y aceptar lo que su mujer le estaba diciendo con una voz muy baja: “Contesta la llamada ahora”. Daniel encaró este nuevo reto (otro más de varias locuras a las que se solían desafiar esos dos) y le pidió a su secretaria que pasara la llamada. Apenas saludó a la persona del otro lado de la línea, y Rose hizo gala de todas sus habilidades en el sexo oral, lamiendo su verga desde la base hasta la punta, deteniéndose por instantes para chupar y dar pequeñas succiones sobre el tronco y los testículos de su hombre.



Daniel se alegraba de que su interlocutor era quien sostenía casi toda la plática, dejándole a él sólo unos cuantos sonidos para asentir a la charla. Pero llegó el momento en que debía ser quien diera réplica a la conversación, y ahí fue cuando Rose hizo uso y abuso del poder que la situación le otorgaba. Se llenó la boca con el miembro de su esposo hasta que la punta de este tocó su garganta, y siguió empujando hasta que el sonido de las arcadas se hizo presente. Daniel sabía muy bien que el juego consistía en no colgar el teléfono, pero vaya que se las vio negras al intentar mantener su tono de voz, y por momentos para tratar de evitar que las arcadas y chupadas de su esposa fueran escuchadas del otro lado de la línea.

Por un momento no logró hilar ninguna palabra, se limitó a acallar su gemido y a cubrir el teléfono contra su pecho, pero eso era trampa, y Rose se lo hizo saber, estirando su mano hasta quitarle el aparato del pecho, y regresando esa misma mano hasta los huevos de Daniel, comenzando un masaje poco delicado que se sumaba a la felación brutal que le hacía, y dejándolo al borde del éxtasis sin poder apenas disimular. Subió y bajó con su lengua, recorriendo e impregnando de saliva desde los muslos hasta el glande, sin dejar de mover su mano de arriba abajo hasta que logró romperle la voz a su esposo. Daniel no pudo disimular más y gimió su orgasmo a centímetros del teléfono. No tenía idea de lo que diría para excusarse, y tampoco le importaba ahora mismo, sólo disfrutó y observó como la boca de su morbosa mujer recibía toda la blanca miel con la que su verga bañaba y derramaba sobre ella.

Cuando Daniel recuperó el aliento, Rose aún se relamía los restos de aquella victoria, victoria que Daniel aceptó al disculparse con su interlocutor y colgar el teléfono. Ganaste –le dijo a su mujer–, pero ahora quiero la revancha… Y diciendo esto, metió rápidamente su pie en medio de las piernas de Rose, aprovechando la posición en la que ella se encontraba, y que dejaba, sin dudarlo, sus labios vaginales un poco entreabiertos. Rozó la punta de su zapato contra la entrepierna de ella, hasta que sintió lo que quería sentir; la entrada de su vagina, y el premio fue mayor, pues Rose gimió al instante, todo aquel sexo oral la había puesto a mil también, y si apenas un roce le hizo gemir, Daniel sonrió maquiavélicamente y no se lo pensó dos veces antes de presionar el botón del intercomunicador en su escritorio para llamar a su secretaria: “Linda, ven un momento por favor…”

Rose abrió los ojos como platos y se intentó incorporar, pero Daniel no la dejó, Rose negó y trató una vez más de levantarse, pero entonces sintió el pie de su esposo empujando contra su vagina, Daniel se había quitado su zapato, y no la iba a dejar ir a ningún lado. Comenzó a masturbarla con su pie, y mientras la miraba y le decía: “Hoy te toca esperar”, la secretaria entró, cerrando la puerta detrás de ella y parándose frente al escritorio de su jefe. Y cuando Rose escuchó a Daniel decirle “Siéntate, te daré unas indicaciones” también sintió como el empeine de Daniel se frotaba con más fuerza contra su sexo… y gimió…


28 de agosto de 2015

Morbo en el balcón

La cena era de gala, las vestimentas debían ser elegantes, y ella en ese vestido largo a color blanco lucía radiante. Él no se quedaba atrás, y hacía el mejor contraste tomándola por la cintura, enfundado en su esmoquin negro mientras posaban para la fotografía de invitados.

Una vez dentro de la fiesta saludaron, bebieron un par de copas, socializaron lo justo y se disculparon para retirarse a uno de los hermosos balcones que coronaban las ventanas altas de aquella lujosa mansión. Tomados de la mano llegaron a uno de los balcones, justo en el momento donde una pareja lo dejaba libre. Era uno de los balcones pequeños, no era el central donde cabían hasta diez personas, pero les agradó más la idea de tener un balcón sólo para ellos dos.


Ella se puso delante, posando sus manos en el borde del balcón, mientras él se colocó detrás de ella, abrazándola por la cintura y plantándole varios besos que cayeron regados sobre su nuca y sus hombros. Ella conversaba de cualquier cosa, él sólo asentía sin saber realmente lo que ella le contaba, y la besaba cada vez de formas más sugestivas. Pasados unos momentos, ella dejó de hablar, pero no por falta de conversación, sino por sentir como las manos de él bajaron hasta sujetarle los pechos, y sus nalgas sufrieron la presión de la cadera que desde atrás le empujaba.

Ellos no eran ajenos a las aventuras y locuras en sitios públicos, pero en ese pequeño balcón no sólo había cero privacidad, también, los balcones estaban muy contiguos, así que apenas a un metro hacia la izquierda, y un metro a la derecha, tenían invitados que abordaban y abandonaban los balcones continuamente. Pero nada de eso le importaba a él, y ella lo sabía, lo conocía demasiado bien, por lo cual no hubo peticiones ni palabras que intentaran frenarle en sus movimientos.

Él empujo su cadera hasta que el roce causó lo inevitable, y ella empezó a sentir una erección que se clavaba entre sus nalgas. Sentía ese miembro duro y punzante, y es que la tela de su vestido era tan delgada que prácticamente lo podía sentir como si no llevara nada puesto. El vaivén era tan discreto, que únicamente lo podría percibir alguien que les mirara fijamente por más de unos segundos. Sin duda sabían lo que hacían, y justo esto les dio el impulso para subir el nivel de su arriesgado juego.

Ella se inclinó hacia el filo del balcón, como pretendiendo reposar sus brazos en el borde por unos momentos. Ese movimiento no fue desaprovechado por él, quien haciendo uso de esa inclinación, bajó las manos de los pechos de ella hasta encontrar el cierre de su pantalón, deslizándolo hacia abajo, tan delicadamente, que ni el oído más exigente notaría el sonido. Ambos miraron a los costados, él miró hacia atrás, y al comprobar que no tenían encima las miradas de nadie, él sacó su pene en pleno estado de erección, mientras ella separaba las piernas y se empujaba hacia atrás contra ese sexo duro que se abrió paso entre sus nalgas hasta que sólo la tela del fino vestido pudo detenerlo.

Estaban totalmente pegados, únicamente una delgadísima capa de tela era la diferencia entre un roce firme y una penetración que habría resultado brutal. Él empujaba con discreción, aunque poco a poco iba perdiendo la misma debido a la enorme excitación que sentía al estar, literalmente, incrustando su verga entre las nalgas de ella. Ella, por su parte, apenas podía controlar su cuerpo, ya que su mente se lo negaba, pero su cuerpo sólo pensaba en mover la cadera y pasear ese falo hasta centrarlo directo a su vagina, y empujarse hacia atrás hasta clavárselo en el fondo de su ser.

Conforme los segundos pasaban, la lucha se encarnizaba entre los pensamientos y los impulsos de sus cuerpos. Él tenía la sensación de que en cualquier momento la tela se rompería y lograría encajarse en esa caliente humedad que podía sentir ya entre las piernas de ella, y ella por su parte, que sentía claramente el golpeteo de esa verga en la entrada de su sexo, deseaba con toda su calentura que no hubiera nadie alrededor para poder sentarse en el filo de ese balcón, y así, frente a frente recibir a su amante entre sus piernas mientras le comía la boca.

Los dos llegaron a un punto donde el disimulo era insostenible, ahí donde las miradas furtivas de la gente alrededor ya caía sobre ellos, y es que eran ellos mismos los que ya se delataban con movimientos más descontrolados, bruscos, y con pequeños gemidos que escapaban de entre sus apretados labios. Cuando ella sentía que las miradas sobre ellos ya se excedían en tiempo, se levantaba hasta apoyar su espalda contra el pecho de él, y giraba su rostro para buscarle la boca y besarlo. Con esos besos apartaba las miradas, incluso provocaba que más de alguno se retirara del balcón y regresara al salón principal de la casa.

Y fue justo en uno de esos calientes besos, mientras sus lenguas jugaban a escurrirse la una de la otra, que él sintió que no aguantaría más, y ella, caliente como pocas veces se había sentido en su vida, sólo deseaba sentir cada chorro de esa eyaculación sobre su cuerpo… dentro de su cuerpo.

Pero él no olvidó lo que habían hecho en los momentos previos a bajarse del coche, justo antes de arribar a la cena, y en un movimiento rápido, metió la mano al bolsillo de su esmoquin y la sacó, sosteniendo entre sus dedos la ropa interior de ella, esa prenda que ella misma se había quitado antes de bajarse del auto, y que le entrego en sus manos mientras le entregaban las llaves del coche al valet parking.

Él se envolvió su erección en la prenda íntima y sin poder contenerlo más, explotó en una eyaculación que manchó y cubrió la ropa interior de ella. Cuando los movimientos cesaron, ella confirmó que no hubiera nadie alrededor antes de incorporarse y acomodar sus ropas, y dándole un beso que desprendía morbo, le agarró la verga entre las manos para meterla al pantalón. Cuando lo hizo, y ante la sonrisa de él, ella le dijo en un susurro perverso: “Vamos al baño para que me pongas mi ropa interior…”.



25 de agosto de 2015

Orgasmo bajo la luna


La luna de plata, impasible ante el tiempo
Ilumina tu orgasmo con su brillo atenuado
Sus arenas blancas, impulsadas por el viento
Cubren de placer a tu cuerpo extenuado.

Su lado oscuro, su lado más aclarado
Tu dulzura y tu lujuria, delicadamente contrastados
Su reflejo radiante, en tus pechos tatuado
A mi mente y a mi sexo, los tienes extasiados.

Ante la luna llena los cuerpos se rozan entregados
Bajo tu cintura húmeda mi miembro se mece hipnotizado
En la trampa caímos, nuestros sexos ya luchan acompasados
La razón ha colapsado, bajo la luna un nuevo orgasmo será bautizado.

 

17 de junio de 2015

Viéndote

A ojos cerrados te busco… y te encuentro.
A ojos cerrados te recorro… y me deleito.
A ojos cerrados te respiro… y suspiro.

Y entre tu piel y mi piel se forja un orgasmo que construimos a ojos cerrados y corazón abierto.
 Porque cuando de reconocernos se trata, una caricia constante y un beso punzante nos basta.
 Con una historia de miel, sexo y piel, no necesitamos todos los sentidos para amarnos bien.

Con ojos abiertos sólo para ver mi reflejo en tus pupilas al amanecer.
Con ojos abiertos sólo para ver tus muecas nuevas aparecer.
Con ojos abiertos sólo cuando tú cierres los tuyos entre el placer.

3 de junio de 2015

Penetrando


Perdiéndome en tus ojos e inhalando tus gemidos, mi erección arriba a tu interior.
Atraído por tu sexo, impregnado por su olor, me hundo en su humedad y su calor.
Me recibes con el alma y me encadenas con tus piernas, dentro de ti mi mundo cambia de color.
Contrastamos emociones entre lo salvaje y el amor, mientras nuestros sexos intercambian su sabor.


Hacértelo fuerte, con perversión y a diario quiero, hacértelo suave, con pasión y eterno requiero.
Repasándonos en éxtasis nos conocemos, traspasándonos los fluidos, a ciegas nos reconocemos.
Penetrando con furia y saliendo con ternura, nos acercamos al orgasmo, al primero o al tercero.
Los ojos y los puños apretados, las bocas y los sexos sin espacios intermedios, tú y yo… eternos seremos.

27 de mayo de 2015

Mirada de miel

Por la comisura de tus labios corre desbordada la miel que de mi sexo emanó. Y mientras las palpitaciones de mi extasiado miembro sólo son superadas por las de mi desbocado corazón, tú y tu mirada se encargan de hablarme de amor, pues en el reflejo de tus ojos está el placer de complacer, y de esa satisfacción… no cualquiera sabe.



Y de esa satisfacción se llenará mi mirada ahora, pues encima de mi piel, quiero la textura de tu miel…

6 de mayo de 2015

Sobre el espejo

Sentado en la cama te observo salir del baño, estás cubierta solamente por una toalla y mi mirada no pierde detalle de tus movimientos, de las sonrisas furtivas que me lanzas hasta llegar frente al espejo. Te paras ahí y dejas caer la toalla, quedando desnuda frente al reflejo que ahora inunda mis ojos; te veo sensual, excitante, provocadora… poderosa.



Yo me quedo sentado, mirándote fijamente, intentando aparentar serenidad, cuando realmente mis deseos y mis ganas se retuercen dentro de mi ser, luchando por no ir sobre ti cual cazador que ha fijado la mira en su presa. Pero me contengo pues te conozco, y sé que en ocasiones sólo tengo que dejarte a cargo, y tu sexualidad hará el resto.

Tu boca se arquea en una sonrisa cómplice mientras tus manos inician una delirante danza sobre tu cuerpo. Te acaricias desde el pecho, encontrando camino entre tus pechos, ese camino que traza una vía recta por la tersa piel de tu firme vientre, y desemboca en el monte de venus que ha sido el punto de partida de mis besos y mis delirios, cada que mi lengua sacia su vicio entre tus piernas.

Te masturbas frente al espejo, por momentos mirándome a mí, por momentos mirando tu reflejo.
Deslizas tus manos por tus piernas, arqueando tu figura, dejándome ver tu sexo y su húmeda dulzura.

Mi pantalón no contiene mi erección, y me masturbo detrás de ti, con estas ganas desbocadas, quisiera poseerte, quisiera en tu reflejo perderme y de mí desbordarte, pero también deseo verte, deseo contemplarte, y cuando desvanezcas de placer, ir hacia ti y entera beberte.

Tu mirada en el reflejo, tus dedos pulsando en tu sexo, y yo sólo quiero eyacular lo que causaste… sobre ese espejo.

22 de abril de 2015

Vamos a jugar a que queremos hacernos el amor

Vamos a jugar a que queremos hacernos el amor, cuando lo que realmente necesitamos es destrozarnos los sentidos, desgarrándonos la piel al calor de los gemidos y al sabor de los fluidos. Y cuando nos bebamos la última gota que de nuestros sexos emane, recordaremos que nos amamos locamente, y con un beso en los labios y un orgasmo en el corazón… ambos habremos ganado el juego.



16 de abril de 2015

Recorriendo(te)



Descendiendo por el centro de tu rostro, llego al medio de tus labios, y me estrello contra el calor de tu lengua.

Siguiendo el camino descendiente, resbalo por tu barbilla hacia el sensualmente delicado cuello que atrapa mis miradas y deseos, y lo humedezco con la punta de mi lengua, cual pincel sobre su lienzo.
Bajando entre roces y lamidas, mis ávidos labios se acercan a las cumbres que inquietan y rebasan toda mi razón.

Y con la suavidad de tus senos como guía, mi boca sobre tu piel camina, hasta que el cambio en la textura me avisa, que en tus pezones he encontrado mi orilla.
Lamiendo con lujuria contenida, la succión de mis labios en tus areolas se regocija, y con el calor de tu mirada de miel, extendido por tu húmeda piel, me dices que siga, porque mi camino aún no termina.

En tu vientre se percibe un deseo creciente y compartido, y con la punta de mi lengua redibujando la silueta de tu ombligo, yo obedezco ese deseo que apunta hacia abajo… más abajo.
Como un ciego me dejo llevar, y siguiendo tu olor cubro el trayecto final, por tus ganas soy atraído, por la saliva de mis labios tus poros son ungidos.

Por texturas y sabores, mi lengua entre tus pliegues vuela sin temores, mientras con tus excitantes sonidos, mis sentidos llenas de luz y de colores.
Estoy entre tus piernas, he llegado a mi meta, pues desde aquí te saboreo completa.
Clavado en tu interior, quemándome con tu calor, palpitas sobre mi lengua, pero no desde tu corazón… Y yo de ti me bebo, la miel que nace en tu más caliente pasión.

1 de abril de 2015

Tu placer en mis brazos


En tu vientre llueven mis besos, entre tus pliegues se deslizan tus dedos.
Tú sobre la cama, yo sobre tu cuerpo.
Te auto complaces con caricias, me satisfaces con miradas y sonrisas.
Tú bañándote los dedos, yo sorbiéndote todos tus deseos.

Tu piel sabe a sudor, tu interior está a punto de darme su mejor sabor.
Tú desprendes un latido y dos gemidos, y yo en tu pezón muerdo tus cinco sentidos.
Lamiéndote la vida, agitándote las ganas, siento entre tus piernas, que tu néctar emanas.
Tú hundiéndote los dedos, yo grabándote mi boca entre tus dulces labios tersos.

Necesito tus latidos, necesito tu deseo, y entre tu cabello, pego mi lengua a tu cuello.
Tú sumergiendo tus dedos en lujuria, yo apretándote las tetas con furia.
Acabas con la espera, chorreando tu torrente que arde como la cera.
Tú llegas al orgasmo y alargas el mío, pues tu placer en mis brazos, es por lo que yo vivo.

26 de marzo de 2015

No puede ser cambiado

En tu deliciosa boca me pierdo
Y en la miel de tus ojos me encuentro
Posando una de mis manos en tu cuello
Y la otra palpando la humedad de tu sexo.

El aroma de tus cabellos dorados inunda mi olfato
Del cristalino fluido entre tus piernas se impregna mi mano
El latido de tu alma pulsa en la blanca piel de tu cuello
Mientras mis dedos son apretados por tu vagina en un espasmo.

Asaltas mis sentidos y masturbas mi erección
Te adueñas de mis ganas reventando mi excitación
Me arrebatas un orgasmo mientras me bañas con tu pasión
Nos amamos y besamos en un orgasmo, incomparable sensación.

De tu alma soy, y para todos tus placeres estoy
Hace años que te sueño, y por ti mi vida es de ensueño
En tu amor por completo me perdí, sin duda te volvería a elegir
Mi amor te di y mi sexo te doy, nunca dejes de decirme, que tuyo soy.

De mi todo te has apropiado, lo que te amo... ya no puede ser cambiado.


19 de marzo de 2015

Masturbándote (III)

Nuestra velada en casa está iluminada sólo con la luz tenue de las múltiples velas que colocamos sobre la mesa y alrededor de ella, copas de vino, música suave en el ambiente, y tú y yo, rompiendo la formalidad vistiendo casual. Sentados frente a frente nos sonreímos mutuamente, es una velada perfecta, pero la podríamos mejorar…

Es demasiada formalidad para nosotros, y aunque la disfrutamos, me haces saber que es momento de algo más, levantándote de la silla y sentándote en mis piernas. Quedas de lado a mí, dejando caer tus piernas hacia mi costado, yo te abrazo por la cintura y mientras beso tus hombros, pongo mi mano entre tus piernas, directamente sobre la tanga que cubre tu sexo, y ahí dejo mi mano sin moverla, sólo haciendo una leve presión.

Con mi mano ahí, multiplico mis besos sobre tus hombros, y me acomodo para poder besarte los brazos y los costados de tu pecho por igual. En mi mano se sienten tus palpitaciones, se intensifican conforme mi boca busca tu cuello y la punta de mi lengua recorre a la par, paseando por tu nuca y llegando hasta el lóbulo de tu oreja, donde termino por dar una suave chupada. Tu sexo palpita más fuerte, me gusta… pero quiero más.

En la posición en la que te encuentras, paso mi brazo izquierdo por detrás de ti, y rozando tu espalda y tu costado, lo subo hasta tomarte una teta en mi mano, y la aprieto sin ninguna suavidad. Inmediatamente siento la palpitación en tu entrepierna, y sin darte tiempo a reaccionar, bajo mi cara hasta que puedo besar tu otra teta, y de ahí no me despego pues empiezo a pasarte el filo de mis dietes así, por sobre tu ropa, pero claramente buscando endurecer tu pezón para poderlo morder.

Tú te aferras a mí, yo mantengo la posición y mis movimientos constantes sobre tus pechos, pero la misma e inmóvil firmeza entre tus piernas. Es una delicia mirar tus ojos y sentir cada latido de tu corazón a través de tu sexo.

Entonces te acercas a mi oído y me dices: “Más…”
Te miro, te sonrío, y con tu sonrisa como respuesta me levanto de la silla contigo en mis brazos, te siento sobre la mesa, en el borde y frente a mí, separo tus piernas y me vuelvo a sentar en la silla, a la altura perfecta para poner mis manos en tus rodillas y meter mi rostro entre tus cálidos y tersos muslos.

Al sentirme ahí, tan cerca de tu intimidad, tu respiración se agita, tu sonrisa se vuelve nerviosa y me escuchas inhalar profundo. Siempre te lo he dicho, siempre te lo he hecho, lo primero que hago cada vez que mi cara se acerca a tu entrepierna, es oler, respirarte y llenarme de tu olor, y eso es todo lo que hace falta para que yo ya no pueda parar. Así que me acerco hasta hacer contacto con mis labios y tu ropa interior, pero ahí me quedo, y me quedo fijo besando lamiendo y chupando por encima de la tela. Percibí al instante tu humedad, la que ya se avecinaba desde que te puse la mano en esa delicia que tienes entre las piernas, pero que ahora mismo, esa humedad ya se ha unido a mi saliva para hacer que esa tela luzca casi transparente de tan empapada que está.

Mi boca se deleita sin parar, pero no te quito esa última prenda todavía, en lugar de eso, agrego mis dedos y los hago acompañar a mi lengua en el juego que mantengo entre tus piernas, y que poco a poco, empieza a hacer estragos en tu cordura. Mi lengua no pasa de esa pequeña prenda íntima, pero mis dedos si lo hacen, y conforme mi lengua sube y baja por encima de la tela, mis dedos bajan y suben rozándote los labios de tu vagina, pero por debajo de tu tanga, directos, piel con piel, aprovechándose de toda esa humedad para deslizarse rápido, para deslizarse frenéticamente.

Tus manos se apoderan de mi cabeza, como queriendo controlar mis movimientos, y siento tus dedos entrelazarse con mi cabello, sujetándolo fuerte y hundiéndome de lleno en ti. Pero pronto sueltas mis cabellos, pues tus brazos vuelven a ir hacia atrás y sostenerte apoyados en la mesa, y es que mis dedos se aferraron al contorno de tu sexo, y desde ahí te abren, separándose para dejarte abierta y lista para ser invadida por mi lengua. Exhalas excitación por tu boca conforme mi lengua presiona tu ya inundada tanga, y se hace sentir con roces directos en los contornos de esos pliegues calientes.

Y te pregunto: “¿Más…?”


Aún no terminas de asentir cuando yo te pongo de pie, y te giro rápidamente para que tu espalda quede contra mi pecho, y de una te inclino, bajándote por los hombros hasta que tus tetas chocan contra la mesa. Te pido que extiendas tus manos en todo lo largo de la mesa, y que las mantengas así, lo haces y te aferras fuerte a los contornos de la madera, porque yo de pie a tu espalda, subo tu delgado vestido hasta tu cintura y en el movimiento descendente, te despojo de tu ropa interior, deslizándola por tus piernas y sacándola por tus pies hasta quedármela en mi mano.

Tú volteas y me sonríes lujuriosamente, con esa chispa en tus ojos que no es otra cosa sino vicio, y con un tono de voz cargado de sexualidad, me dices: “Métemela ya, perro”, pero mi respuesta no es con palabras, es tomando tu tanga y envolviéndola en mi sexo, cubro mi erección con ese pedazo de tela, me la tomo en la mano y te la empiezo a restregar en esa separación que hacen los labios de tu vagina. Te masturbo con la punta de mi sexo, y eso es lo que quiero, masturbarte.

Tú jadeas ante la velocidad de los roces, ante la dureza de los movimientos, y con la textura de la tela que te provoca una sensación mezclada, pero que te enloquece en cada vaivén que doy en tu cuerpo. Yo gimo, respiro agitado y comienzo a tener espasmos que casi sincronizan con los tuyos, estarme rozando así contra ti es demasiado, y para cuando los fluidos de tu sexo alcanzan la cara posterior de tus muslos y enganchas tus manos a la madera de la mesa, yo descontrolo y baño la tela que cubre mi pene con la eyaculación que me provocó verte así, tensando los dedos de los pies, y al mismo tiempo disfrutando de tu exquisita sexualidad a mi lado.

Amo masturbarte, amo lo que somos, y si tu amor y mi amor debían encontrarse, tu sexualidad y la mía deberán chocar violentamente hasta la eternidad.





(3 de 3)

(1 de 3): http://ssydd.blogspot.com/2015/03/masturbandote-1.html
(2 de 3):http://ssydd.blogspot.com/2015/03/masturbandote-2.html

18 de marzo de 2015

Masturbándote (II)

Amanecemos entre besos, caricias y pláticas diversas, y entre esos temas de conversación, comenzamos a hablar de música, y como siempre, no quedamos de acuerdo en nada, aunque disfrutamos hacerlo y hasta provocarnos por ese tema. Entonces, entre risas, te propongo algo; te mostraré que realmente pongo atención a la música que escuchas, y tú sólo tienes que dejarme hacer...  Tú aceptas.

Me levanto a buscar algo entre mis cosas, y regreso con un pequeño reproductor de música y unos auriculares que te ajusto mientras me recuesto a tu costado. Te miro y te digo: “preparé esto para ti, sólo sígueme y no pares”. Acto seguido, toco el reproductor y la música comienza, es una canción que te gusta, una suave, tranquila, y bajo esas notas te pongo mi mano libre en el vientre, y lo subo por tu piel hasta meterlo por debajo de tu Baby Doll y tocarte los senos sin obstáculo de por medio.

Mi movimiento, la canción y la escena completa te toman por sorpresa, pero cumples tu palabra y te dejas hacer sin decir nada, sólo me sonríes.

Te muestro que realmente conozco tus canciones al tocar tu cuerpo al compás de las notas en el tema que estás escuchando, subiendo y bajando mi mano entre tus pechos, rozándolos y extendiendo mi mano hasta lograr erizar tus pezones con la punta de mis dedos. Así transcurre la primer canción, suave y sin prisas. La segunda canción te gusta también, pero lleva un ritmo más acelerado, y tal cual, mi mano baja ávida a posarse en tu pubis, introduciendo mis dedos bajo tu ropa interior.

Empiezo a masturbarte, tocando apenas por encima, sintiendo la calidez y disfrutando de tus ojos cerrados. Disfrutas las caricias, disfrutas la música, y justo cuando te veo así… cambio la canción en el reproductor. Inicia un tema que cambia totalmente el ritmo, esta vez es uno rápido, y con esa rapidez, mi movimiento entre tus piernas se descontrola, subiendo y bajando fuerte hasta palpar los primeros rastros de tu humedad, y gracias a ella, introduzco las yemas de mis dedos en la entrada de tu sexo.

Acerco mi boca a la tuya, y te beso con intensidad, la misma que distingo en el sonido que se escapa levemente de los auriculares, con eso llevo mis dedos más y más adentro de ti, lamiendo el contorno de tus labios, acariciando el interior de tu vagina, rozándote mi lengua contra la tuya y tocando las paredes de tu sexo con firmeza.  Tu rostro delata las sensaciones que están recorriendo tu cuerpo, y tu boca lo confirma al soltar pequeños quejidos, pero no de dolor. Ahí suelto el reproductor y con esa mano tomo las tuyas, una a la vez, y te las pongo sobre tus tetas, no tardas en acariciarte tú misma, apretándolas y desnudándolas, exponiéndolas para mi vista, exponiéndolas para tu propio tacto.

A mí me es imposible tener tus pezones tan cerca y no mirarlos como un depredador a su presa, así que mi boca se dirige veloz a ellos, y en cuanto siento su textura entre mis labios, succiono con fuerza, con estas ganas que me provoca verte disfrutar de mis caricias y de la música que amas al mismo tiempo.

Han transcurrido varias canciones ya, pero claro, el tiempo aquí no importa. 


 Miro la pequeña pantalla en el reproductor, la canción actual está por terminar, y sé cuál sigue, entonces, en un movimiento me incorporo, sacando mis dedos de tu interior y estirando mis brazos para tomar mi almohada, la cual pongo debajo de tu cadera, acomodando tu cuerpo sobre ella, ahora estás completamente expuesta para mí. El contador en el reproductor llega a ceros, y mi mano se posiciona, apuntando dos dedos directamente a tu interior, entonces comienza la canción; me miras y sí, sé que la recuerdas, está es una de mis canciones, una de las pocas que te he mostrado y te han gustado tanto como a mí… y tiene un ritmo extremadamente rápido.

El tema inicia y mis dedos se clavan en ti, tu boca se abre y exhalas tan delicioso, que lo único que provocas es que vaya más fuerte y rápido dentro de ti. Dos dedos que se mueven, se retuercen y se arquean en busca de tu placer. Tus tetas son apretadas y maltratadas por tus propias manos, y tus sentidos están totalmente inmersos en la música y las corrientes eléctricas que viajan por tu cuerpo, ni siquiera me miras cuando mi boca se pierde entre tus piernas abiertas, no hasta que estampo el primer lametazo, tan áspero y salvaje como los acordes que escuchas, directo en tu clítoris.

Una chupada entre tus piernas, un riff en tus oídos, una lengua que se estrella contra los labios de tu vagina y una batería descomunal retumbando hasta tus sienes, y la fuerte voz de un cantante contra tus gemidos, tan nublados por los auriculares, que no te das cuenta lo fuerte que ya resuenan por toda nuestra habitación. Y así, con un solo de guitarra y la fuerza de mi brazo entero empujando brutalmente en el centro de tu ser, tu grito de placer da el acompañamiento perfecto a la sinfonía de cuerdas que musicalizó tu orgasmo.

Y detengo el reproductor para que escuches mi “Te amo” porque siempre deberías escuchar mi “Te amo”. Y te pregunto ¿qué tal tu mañana musical?




(2 de 3) 

16 de marzo de 2015

Masturbándote (I)

Con la madrugada abrazando nuestros sueños y el calor de nuestros cuerpos abrigando nuestra cama, despierto al percibir que te mueves incomoda sobre tu lugar. La tenue luz de la luna que alcanza a entrar por las cortinas de nuestro ventanal, me deja contemplar que te has quitado las sábanas de encima, y sólo la fina tela del Baby Doll cubre tu desnudez, pero no ha alcanzado a impedir que uno de tus senos quedara expuesto ante mis ojos, mostrando un pezón endurecido, como clara muestra de tu excitación nocturna.

Y entonces miro atento el panorama completo… sigues dormida, pero has comenzado a masturbarte.

Contemplo por un momento la forma en que, entre sueños, tus manos acarician tus piernas, pero sólo unos segundos, pues rápidamente llevas tus dedos a tu entrepierna y acaricias al mismo tiempo que haces presión sobre la tela de tu diminuta ropa interior. Tu rostro denota las sensaciones que obtienes al acariciarte así, y mi cuerpo muestra también la excitación que me provoca verte haciéndolo, más el agregado de que lo hagas completamente dormida.

Aceleras tu mano y presionas fuerte contra tu entrepierna. Por momentos te cuesta coordinar tus movimientos y hacerlos fluidos, quizá los mismos sueños que estás teniendo son los causantes de estas interrupciones en tus movimientos. Entonces mi mano actúa por sí misma, dirigiéndose directa, como siguiendo a ciegas el calor que de entre tus piernas se desprende. Y te rozo suavemente el interior de los muslos, palpando y deleitándome con tu tersa y caliente piel. Tú reaccionas muy poco, sólo separas levemente tus piernas, dejando un mejor espacio para poder subir mi mano y hacer que se toquen el costado de mi mano y la tela sobre tu sexo, lo siento tan caliente al tacto, que sólo sonrío al confirmar que lo que roza mi mano, es humedad… estás mojada.

Me incorporo un poco, ya no me pienso detener, pero una parte de mi desea que no despiertes, así que lo hago suave. Muevo sin prisas tu pierna izquierda para separarla un poco más, y avanzo mi dedo medio por la cama hasta llegar a ti, y ahí, en la fuente de ese calor húmedo comienzo a subir justo por el medio, por el camino que los labios de tu vagina trazaron para mí. Lo hago un par de veces, apenas rozando, apenas perceptible, miro tu rostro y veo que tus expresiones son más relajadas, como si te dejaras hacer, como si esto era lo que necesitaba tu noche para complementar tus sueños.

Mi dedo pasa una vez más, pero esta vez se detiene en el centro de tu sexo, y con la misma suavidad de antes, hago presión y logro hundir levemente tu tanga en tu interior, repito esto una y otra vez hasta que la punta de mi dedo ya muestra rastros de ti, tanto en humedad como en ese delicioso e inconfundible olor.
En esos momentos en los que mi dedo intenta penetrarte envuelto en tu ropa interior, te mueves y amagas abrir los ojos. Yo te hablo en susurros al oído pidiéndote “shhh, no abras los ojos” y acompaño mis palabras con un roce en tu mejilla con el dorso de mi mano. Entre dormida y despierta asientes con una media sonrisa y te dejas hacer, mientras cierras completamente tus ojos.

El roce de mi mano con tu mejilla recorre hacia abajo, deslizándose por la piel de tu cuello, al mismo tiempo que mis dedos entre tus piernas consiguen mover a un lado la tela que me impide llegar a ti, y en una sincronía perfecta, los dedos que tengo en tu cuello bajan hasta posarse en forma de pinza sobre tu endurecido y expuesto pezón, mientras abajo, tu cuerpo es penetrado por un dedo empapado que no se detiene hasta topar mis nudillos en tus labios vaginales.

Exhalas placer y relajación, yo inhalo de tu gemido y de tu olor.


Pierdo la noción del tiempo masturbando tus sueños, combinando mis dedos entre penetrarte y adorar la fina dureza del clítoris que en estos momentos te gobierna, acariciando tu pezón y dibujando tu nombre con la punta de mi lengua sobre él. Y esa noción perdida rinde sus frutos cuando mi cuerpo pasa de ser agitador, a ser contención del orgasmo provocado, y por nuestra noche acunado.

Y tus ojos no se abren, pero tu boca si se arquea, y me dice sin sonido esas cinco letras que entre nosotros y nuestras noches nunca faltan, y yo te respondo abrazándote y acurrucando tu cuerpo entre el mío y las sabanas.

-    Duerme, estás muy cansada  - te digo –
-    Estaba… - me dices -




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10 de marzo de 2015

Animal

En el reino de la niebla fría, tú eres mi luna de noche y de día, y ante el primer destello de tus ojos y su hermoso color, a éste hombre le despiertas su animal interior.
 

Sed por probarte, ansias de saborearte, quiero acelerar tus latidos hasta excitar tus sentidos, y beber la humedad de tu piel, para saciar mi lengua, llenándola de tu deliciosa miel.
 

Mi hambre entre tus piernas quiero saciar, devorando con furia hasta tu orgasmo acariciar, y cuando mi instinto se canse de jugar, te penetraré de una, para dentro de ti mi sexo vaciar.
 

Una mordida y una embestida, un tirón en tu cabello y una lamida para tu cuello, quiero  hundirme en ti hasta destrozar tu cordura, empujando fuerte con mi verga dura.
 

Tus jadeos y gemidos mi oído recibe, y tu sexo devorando al mío, nuestros orgasmos percibe. Mis garras sujetan tu cuello y siento tu corazón latente, mientras mi sexo estrella dentro de ti un chorro caliente.
 

Con tu mirada de deseo, a éste animal salvaje siempre desatarás, y con esa sonrisa después de cada orgasmo, a tu lado siempre me tendrás.


12 de febrero de 2015

69

Mi conciencia enfundada en carne exclama placer al trastornarse con tus gemidos, y se pierde desmedida entre tus espasmos y tus latidos.
Y por esa violación que le haces a mis sentidos cuando mi boca se baña en tus fluidos, es que tanto mi razón como mi lengua se escurren por tus piernas, siguiendo con mis dedos tus deliciosos jadeos.
Embriagado entre tus piernas y succionado por tus ganas ciegas, aprieto tus pezones erizados mientras siento que eyaculo mi vida entre tus labios apretados.
Tu cuerpo y el mío muestran sus extenuados bríos, mientras tus labios se desvanecen sobre los míos, y tu boca encima de mi sexo desmaya su último beso.
Placer de amantes en la posición donde se fusionan los amores, y se crean los vicios que disfrutarían hasta los dioses.



4 de febrero de 2015

Te preparé el desayuno (erótico)

Tengo ganas de prepararte el desayuno, de poner una variedad de alimentos en la mesa de la cocina, y pedirte que te sientes al costado de ella para ponerme de pie frente a ti.

Te sientas, tomas un panecillo dulce y lo muerdes sin quitarme la vista de mis ojos, ahí tomo con mi dedo índice un poco del relleno de uno de los panes sobre la mesa, y lo unto delicadamente en tu cuello, dibujando una colorida línea que retiraría con la punta de mi lengua.

Quiero mirarte cuando termine de lamer tu cuello, y sonreírte mientras bajo por tus hombros las tiras de tu camisón de seda hasta descubrirte los pechos, agacharme frente a ellos y espolvorear canela sobre uno de tus pezones.

Empiezo besándolo y termino succionándolo tan fuerte o tan suave como tus ojos me lo digan. Tú muerdes de nuevo ese pan, y con tus propios dedos retiras el azúcar que quedó en tus labios, para poner esos pequeños granitos dulces sobre tu otro pezón.

Yo pasó mi boca de un pezón al otro, dejando en su lugar las yemas de mis dedos para palpar la dureza que mis labios causaron en tus pechos, y así continúo intercambiando mi boca y mis dedos sobre la suavidad de tu piel, sin dejar que disminuya la dureza en tus areolas.

Te veo tomar la taza de café mientras separo tus piernas y me arrodillo frente a ti, te acaricio con mis manos en un movimiento ascendente que va desde tus rodillas, pasa por el interior de tus muslos y causa tu suspiro cuando dejo las puntas de mis dedos entre tu piel y el borde de tu ropa interior.

Recorro la tela que cubre tu sexo, rozándola suavemente por los labios y pliegues de tu vagina. Interrumpo tu primer trago de café metiendo mi dedo medio en tu taza, para bajarlo empapado de café y masturbarte con él mientras tú sigues bebiendo hasta terminar ese sorbo.

Me verías tomar una de las uvas que puse sobre la mesa, ponerla sobre tu lengua, y antes de que la muerdas, sostenerla de nuevo en las yemas de mis dedos, bajarla directa a tu entrepierna, y dejarla justo en la entrada de tu sexo… para empujarla con mi lengua hasta el interior de tu ser.


Te miro sonriendo y te digo: “Tú sigue desayunando, yo sólo comeré una uva…”




Nota: Por cierto, no jueguen así con uvas, es peligroso, esto es sólo un relato desvariado ;)

21 de enero de 2015

Entre más te conozco

 
Relátame al oído tus deseos más morbosos.
Cuéntame esos pensamientos que a tu moralidad le guste acallar.
Usa mi mente como lienzo para proyectar(te) lo que siempre has querido hacer… y ser.
 
Yo lo usaré para ponerte en contra… de la pared y hacértelo fuerte mientras te abrazo el alma.
Y mientras me dejas conocerte a pleno, más tuyo me vuelvo, porque entre más te conozco, más te amo.

15 de enero de 2015

Quitándole lo aburrido al viaje 3

Parte 1: http://ssydd.blogspot.com/2015/01/quitandole-lo-aburrido-al-viaje.html
Parte 2: http://ssydd.blogspot.com/2015/01/quitandole-lo-aburrido-al-viaje-2.html

 ...

Tu orgasmo te dejó vibrando, te dejó empapada y agotada, o eso creía yo, pues apenas retiré mi mano de entre tus piernas, no me diste tiempo a nada y subiste sobre mi cuerpo, flexionando tus rodillas a los costados de mi asiento y bajaste hasta dejar tus ojos frente a mi mirada. Bajé la velocidad conforme tú te sentabas directamente sobre mis piernas, rozando tu clítoris contra mi erección, te restregaste mi sexo contra el tuyo un par de veces, hasta que decidiste que era suficiente, lo tomaste con la mano, lo dirigiste hacia tu entrada y bajaste hasta devorarlo en un solo movimiento. La sensación de tu vagina subiendo y bajando en mi pene me hizo  perder la noción de todo a mí alrededor.

Bajé más la velocidad porque veía coches delante, pero decidí usar eso como complemento de la locura imparable que ya estábamos cometiendo; me emparejé hasta quedar al costado de un auto, y justo ahí solté el volante para posar mis manos sobre tu camisa y arrancar los botones de un tirón, tu cuerpo quedó expuesto ante mí, y ante cualquiera que tripulara ese coche al lado, a ti no sólo no te importó, sino que echaste tu cuerpo atrás y recostaste tu espalda directamente sobre el volante, poniendo tus manos a los costados del tablero y mirándome con una expresión de vicio total… ese vicio tuyo que tanto amo.

Mi sexo duro entraba completamente en ti en cada bajada que tu cuerpo daba sobre el mío, yo me recliné hacia adelante y besé tu piel por todos lados hasta encontrar tus pezones y cubrirlos con mis labios y el filo de mis dientes. El placer y el morbo era tanto, que te avisé que no aguantaría mucho más, tú te tomaste de mis hombros y te impulsaste más fuerte para caer pesadamente sobre mi sexo. Tomé tus pechos con firmeza, y cuando tu cuerpo subió te dije: “no te muevas” prácticamente dirigía el coche con tu cuerpo, y ya no te dejé bajar para ahora yo poder empujar mi sexo en ti.


Embestí fuerte y descontrolado, te penetré con morbo, con ganas, casi con furia, la furia de ese animal que siempre despiertas en mí, y no paré de empujar hasta que no quedó espacio entre tu sexo y el mío, y así, pegados en cuerpo y unidos en alma, eyaculé en tu interior hasta que sentí que quedé vacío.

Retomé el volante, tú intentaste bajar de mí y regresar a tu asiento, pero no te lo permití, te dije que así continuáramos el resto del camino, tú me sonreíste y te apretarte contra mi pecho, aun moviendo tu cadera en pequeños círculos que no dejaban que mi erección se perdiera.
Miramos al coche al lado de nosotros, no se nos había despegado, y supimos porque cuando vimos que era conducido por una mujer, y que esa mujer tenía sus pechos fuera de su ropa, no sólo disfrutó el espectáculo, sino que nos hacía señas que miráramos adelante, señalaba a un restaurante que se veía en el horizonte. Tú y yo nos miramos sonriendo y te pregunté… “¿te quedaste con hambre?”